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LOS CALAMBRES

Los calambres y espasmos musculares son dolores repentinos muy agudos que afectan al movimiento. Pueden producirse casi en cualquier parte del cuerpo ya que hay mas de 600 músculos en el cuerpo humano. Los calambres y espasmos musculares se caracterizan por una contracción violenta de la musculatura que produce la rigidez muscular acompañada de dolor.

La mayoría de los calambres son a veces el resultado de un esfuerzo crónico, como en personas que pasan mucho tiempo de pie o también síntomas de una enfermedad que podría ser grave. Cuando sometemos un músculo a un esfuerzo demasiado intenso o prolongado durante mucho tiempo, la renovación del oxígeno en la musculatura a veces resulta insuficiente. Mientras no se produce une esfuerzo físico, las arterias transportan a los músculos la cantidad de sangre y oxígeno requerido para funcionar con normalidad. Pero durante un entrenamiento los músculos solicitan un incremento del caudal sanguíneo para obtener mayor proporción de oxígeno y cuando las arterias no se dilatan con la suficiente rapidez se origina un espasmo. Lo mismo ocurre cuando no sabemos adaptar nuestra respiración al ritmo del ejercicio físico. En ambos casos el músculo acusa la deficiencia de oxígeno y pierde su capacidad de relajación. La masa muscular se vuelve dura y sensible, y se da un calambre.

Cuando los calambres aparecen después de ejercitarse durante largo tiempo interviene casi siempre un proceso de deshidratación. Durante el ejercicio físico - sobre todo en época de calor - perdemos ciertas cantidades de líquido. El volumen sanguíneo se reduce y tal vez sea insuficiente para llevar el oxígeno exigido a todos los músculos que están trabajando. Los más solicitados en ese momento sufrirán el calambre.

Los calambres son comunes en los deportistas y es importante saber que el magnesio se pierde en cantidad durante el ejercicio y es necesario reponerlo para reducir el ácido láctico que ocasiona el dolor post ejercicio y porque la deficiencia de este mineral puede ocasionar muerte cardiaca repentina en atletas saludables.

Las causas que pueden provocar calambres y espasmos musculares son múltiples:

  • Resfriado y gripe común, aunque los síntomas más frecuentes en estos procesos son: moqueo, dolor de garganta y fiebre,también pueden aparecer dolores musculares en las piernas y zona lumbar que desencadenen espasmos y calambres.
  • Trastornos gastrointestinales: a este nivel pueden ser desencadenados por intoxicaciones alimenticias vómitos y cuadros diarréicos.
  • Hepatitis. En un principio suele manifestarse por fiebre, dolor de cabeza y dolores musculares que pueden desencadenar calambres.
  • Trastornos menstruales
  • Contracciones musculares tanto en situaciones de enfermedad, artritis, y pérdida de potasio, como en situaciones fisiológicas.
  • Ejercicio rápido sin previo calentamiento o muy prolongado
  • Tétanos
  • Deficiencia de Magnesio en el sistema cardiovascular.
  • El calcio en exceso en el organismo sin suficiente magnesio puede originar tensión y endurecimiento en todos los músculos del cuerpo. La interacción del magnesio con el calcio evita que éste último ocasione excesivas contracciones musculares.
  • Cuando los calambres son recurrentes y prolongados podría tratarse del síndrome de Raynaud, un trastorno circulatorio causado por el espasmo de pequeñas arterias de manos y pies, que puede aparecer repentinamente o como consecuencia de la enfermedad del tejido conectivo, trauma o hipertensión pulmonar. El estrés emocional puede influir en la aparición de un ataque y por lo general el frío es el estímulo que inicia los espasmos de los vasos sanguíneos. Los síntomas más comunes son un dolor insoportable, los dedos se tornan de color blanco, azul y rojo, sobre todo cuando están recalentados, hormigueo, adormecimiento y quemazón, entre otros.
    Será conveniente consultar al médico cuando los calambres se presenten de forma repentina en forma continua o la presencia de calambres ante una determinada situación.

El médico realizará los estudios necesarios para confirmar la existencia de un determinado proceso patológico. Bajos estos resultados el médico podrá recomendar:

  • Medicamentos
  • Dietas
  • Rehabilitación física

Cuidados: Hacer precalentamiento, estiramiento y relajación antes y después de hacer ejercicio. Asegurarse de incluir en la dieta alimentos ricos en potasio como cítricos (toronja, pomelo), plátanos (bananas), frambuesas, legumbres y otros vegetales. Tomar jengibre en infusión para mejorar la microcirculación. Aplicar duchas calientes y estirar el músculo con la posición adecuada haciendo una presión lenta y suave hasta que se pase. Tomar calcio, magnesio, potasio, hierro, vitaminas B, C, D y E. Hay que incluir en la dieta diaria alimentos que limpien el hígado tales como las betarragas, raíz de bardana, limones, nueces, semillas, vegetales verdes, y granos enteros. Evitando la carne, el alcohol, especies, y alimentos grasosos, fritos o salados. Pueden evitarse tomando un vaso de agua antes de comenzar el entrenamiento y volviendo a beber al menos cada quince minutos durante el esfuerzo físico.
Los remedios de urgencia
Aplicar hielo a un músculo que ha sufrido un calambre alivia la hinchazón y el agarrotamiento de la zona. Y también las compresas frías empapadas en agua y vinagre a partes iguales.
Los baños de los pies fríos durante no más de dos minutos favorecen la rápida irrigación sanguínea de los pies y pantorrillas y son muy efectivos en los calambres nocturnos. Si no nos gusta la sensación de frío, podemos probar con cataplasmas calientes de flores de heno o manzanilla. Deben aplicarse durante poco tiempo; la impresión de alivio es muy rápida.
Es importante saber que cuando un músculo se resiente después de un calambre hay que tratarlo como un músculo dañado, sin restarle importancia. Un calambre fuerte puede provocar un desgarro de los tejidos musculares. Por tanto, si el dolor persiste mucho tiempo y también la sensación de fatiga y agarrotamiento, se precisará dejarlo descansar y no forzarlo de nuevo al ejercicio.

 

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